Los valores que todo niño debería aprender desde temprana edad

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Valores y familia

Los valores que todo niño debería aprender desde temprana edad

Respeto, empatía, responsabilidad y esfuerzo no se dictan en una charla: se siembran temprano y se practican jugando.

Fundación Goles de Vida 5 min de lectura Villavicencio, Meta

Ningún niño llega al mundo sabiendo esperar su turno, pedir perdón o alegrarse por el triunfo de otro. Todo eso se aprende, y se aprende temprano, mirando a los adultos que lo rodean y probando en la vida real lo que ve. En la Comuna 8 de Villavicencio hemos comprobado algo muy sencillo: los valores no entran por el oído, entran por la experiencia. Y la infancia es el momento en que esa experiencia deja la huella más profunda.

En la Fundación Richard Hoyos Alcántara — Goles de Vida trabajamos desde 2012 con niños, niñas y adolescentes y sus familias. Usamos el fútbol como puerta de entrada, pero lo que ocurre adentro es formación humana. Con los años entendimos que un entrenamiento bien acompañado enseña más sobre respeto que cualquier charla, porque pone al niño frente a situaciones donde el valor tiene que aparecer de verdad.

Los valores no se dictan: se siembran

Hay una diferencia enorme entre saber qué es la honestidad y ser honesto cuando nadie está mirando. Los niños pequeños aprenden por imitación y por repetición: no copian lo que decimos, copian lo que hacemos cuando estamos cansados, cuando perdemos, cuando alguien nos falla. Esa es la verdadera clase de valores, y se dicta todos los días sin darnos cuenta.

Por eso insistimos tanto en la coherencia de los adultos. Un entrenador que grita al árbitro no puede pedir respeto; un papá que resuelve todo con un golpe no puede exigir calma. Antes de enseñarle un valor a un niño, conviene preguntarse quién se lo está mostrando y cómo.

La buena noticia es que en la niñez el terreno está especialmente fértil. Un niño que aprende a decir «me equivoqué» sin miedo será un adulto capaz de reparar. Sembrar temprano ahorra muchísimo trabajo después.

Los valores no se aprenden de memoria: se aprenden en los momentos incómodos. Cuando el niño pierde, cuando le hacen falta, cuando le toca esperar. Ahí es donde de verdad se enseña.Fundación Goles de Vida

Los valores que más marcan la diferencia

No existe una lista universal, pero después de más de una década acompañando procesos hay cuatro que consideramos indispensables porque sostienen a todos los demás. Son valores que un niño puede practicar desde muy pequeño.

RespetoReconocer que el otro vale igual que yo: el compañero, el rival, el que juega distinto y el que apenas está aprendiendo.
EmpatíaDarse cuenta de lo que siente el otro y actuar en consecuencia. Se entrena mirando, escuchando y acompañando.
ResponsabilidadCumplir con lo que se prometió y hacerse cargo de las consecuencias, aunque cueste reconocerlas.
EsfuerzoEntender que mejorar toma tiempo y que la constancia vale más que el talento suelto.

A estos cuatro les sumamos dos compañeros de viaje: la honestidad, que empieza por no hacer trampa en un juego que nadie vigila, y la solidaridad, que resumimos en la frase que nos identifica: la generosidad, como los balones, rebota.

Por qué la cancha es una gran escuela de valores

Un partido es un laboratorio perfecto. En una tarde de entrenamiento, un niño se enfrenta a casi todo lo que la vida le va a pedir después: reglas que no eligió, compañeros con los que tiene que entenderse, un resultado que no controla y la obligación de volver a intentarlo.

Ahí aparecen los valores en su versión concreta. La responsabilidad es llegar puntual y con los uniformes; el respeto es aceptar la decisión del entrenador aunque duela; la empatía es levantar al compañero que falló el gol. Nada de eso hay que explicarlo mucho: hay que nombrarlo cuando ocurre, para que el niño reconozca lo que acaba de hacer y lo pueda repetir.

Esa es la clave pedagógica de nuestro trabajo en el Polideportivo de Playa Rica: el fútbol no forma solo, forma cuando hay un adulto atento que convierte la jugada en conversación. Por eso la escuela de fútbol va de la mano con la formación en valores, el liderazgo y el acompañamiento psicosocial.

Tres maneras de enseñar valores sin sermones

Funciona mejor cuando el adulto modela el comportamiento, nombra el valor justo en el momento en que aparece («eso que hiciste fue solidario») y sostiene el límite con calma, sin gritos ni humillación. Repetido en el tiempo, ese trío hace más que cien discursos.

La familia: el primer equipo de todo niño

Nada de lo que se siembra en la cancha se sostiene si la casa dice lo contrario. Por eso trabajamos también con las familias, a través de las escuelas de padres y del acompañamiento a los cuidadores. Muchos llegan sin saber cómo educar distinto a como los educaron a ellos.

Ahí pasa algo valioso: descubren que se puede poner un límite sin gritar, que escuchar no es perder autoridad y que reconocer un error frente a un hijo, lejos de debilitar, enseña. Cuando una mamá o un papá cambia su manera de tramitar la rabia, ese cambio le llega al niño más rápido que cualquier taller.

  • Dar el ejemplo antes que el consejo: los niños leen conductas, no intenciones.
  • Poner normas claras, pocas y estables, para que el niño sepa a qué atenerse.
  • Dejar que se equivoque y acompañar la reparación, en vez de resolverle todo.
  • Reconocer el esfuerzo, no solo el resultado ni el gol.

Un niño que aprende a respetar, a esforzarse y a cuidar del otro llega a ser un adolescente con criterio y un adulto que aporta. En territorios donde el contexto ofrece caminos difíciles, esos valores funcionan como una brújula silenciosa. Nuestra fundación nació de una pérdida —la de Richard Hoyos Alcántara, cuya vida fue arrebatada por la violencia— y de la decisión de su amigo Mauricio Herrera de responderle a ese dolor llevando el fútbol a los barrios. Desde entonces cada balón que rueda en la Comuna 8 lleva la misma apuesta: formar personas antes que jugadores. Enseñar valores desde temprana edad no es un detalle del proceso, es el proceso entero.

Fundación Goles de Vida Equipo de la Fundación Richard Hoyos Alcántara «Goles de Vida»

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