La familia, el primer equipo que protege frente a los riesgos sociales
Los riesgos no llegan de golpe: se cuelan por los vacíos. Y la mejor protección sigue siendo un hogar que acompaña, escucha y espera.
Cuando hablamos de riesgos sociales solemos imaginar algo que llega de afuera y de golpe, como un aguacero en la Comuna 8. La verdad es más lenta y más silenciosa: los riesgos entran por las rendijas del tiempo, del cansancio y de la soledad. Y por eso la mejor protección que existe también es lenta, silenciosa y cotidiana: una familia que acompaña.
En la Fundación Richard Hoyos Alcántara — Goles de Vida trabajamos desde 2012 con niños, niñas, adolescentes y sus familias en Villavicencio. El fútbol es nuestra puerta de entrada, pero muy pronto entendimos algo que hoy sostiene todo lo que hacemos: un niño acompañado es un niño mucho más difícil de arrastrar. No importa cuántas horas entrene si al llegar a casa nadie le pregunta cómo le fue.
Los riesgos no llegan de golpe: llegan por los vacíos
Ningún adolescente amanece un día decidido a tirar su vida por la borda. Lo que ocurre es más sutil. Primero aparece un vacío: horas muertas después del colegio, una pregunta que nadie responde, la sensación de que en su casa no hay tiempo para él. Después aparece alguien que sí ofrece algo —compañía, pertenencia, dinero fácil, reconocimiento— y ese ofrecimiento cae justo en el hueco.
Por eso insistimos tanto en las escuelas de padres: el riesgo no se combate solo con advertencias ni con miedo, sino llenando el vacío antes. Un niño que tiene con quién hablar y un lugar donde lo esperan tiene mucho menos que buscar afuera.
Y hay que decirlo con honestidad: muchas familias no están ausentes por falta de amor, sino por falta de tiempo. Reconocerlo no es una excusa, es el punto de partida para acompañarlas sin juzgarlas.
Ningún programa reemplaza a una familia. Nosotros podemos dar la cancha, el balón y el ejemplo, pero el abrazo de la casa es el que sostiene cuando el partido termina.Fundación Goles de Vida
La familia como primer factor protector
Cuando decimos que la familia protege, no hablamos de un modelo ideal ni de un tipo de hogar en particular. Hablamos de vínculos: puede ser una mamá sola, unos abuelos, una tía, un hermano mayor. Lo que protege no es la forma de la familia, sino la calidad del vínculo que hay dentro de ella.
Ese vínculo se construye con cosas que parecen pequeñas y no lo son: comer juntos sin pantallas, preguntar y quedarse a escuchar la respuesta completa, poner límites claros y explicarlos, cumplir lo que se promete. Un niño que sabe que en su casa las palabras valen aprende que la confianza es posible, y esa lección lo acompaña cuando alguien afuera intente convencerlo de otra cosa.
Lo que la cancha nos enseñó sobre las familias
En el Polideportivo de Playa Rica pasan cosas que no están en ningún manual. Vemos a una mamá que se queda mirando desde la reja, o a un papá que llega tarde del trabajo y alcanza los últimos quince minutos del entrenamiento. Ese gesto, para el niño, es enorme.
Por eso invitamos a las familias a entrar, no a esperar afuera. Las escuelas de padres y el acompañamiento psicosocial existen porque entendimos que formar solo al niño es formar a medias. Cuando una madre aprende a poner un límite sin gritar, cuando un padre descubre que puede felicitar el esfuerzo y no solo el gol, el cambio se nota en toda la casa.
- Pregunte y escuche hasta el final. Antes de aconsejar o corregir, deje que el relato termine. Muchas conversaciones se pierden en la primera interrupción.
- Conozca a sus amigos. Saber con quién anda su hijo, sin espiarlo, es de las formas más sencillas de cuidarlo.
- Celebre el esfuerzo, no solo el resultado. Así el niño no aprende que solo vale cuando gana.
- Pida ayuda sin vergüenza. Buscar apoyo en el colegio, en la fundación o en un profesional no es fracasar como familia: es cuidarla.
Proteger no es encerrar
Hay familias que, por miedo, deciden que la solución es la prohibición total: no salga, no confíe, no hable con nadie. El problema es que el miedo no enseña a decidir. Un adolescente sobreprotegido llega a la calle sin herramientas y con más curiosidad. Proteger de verdad es acompañar mientras aprende a elegir, no impedirle que elija.
Ninguna familia protege sola
También sería injusto poner todo el peso sobre los hogares. Una familia sostiene mucho, pero necesita una comunidad alrededor: un colegio atento, un parque seguro, vecinos que se conocen, una cancha abierta a las cinco de la tarde. Cuando esa red existe, el riesgo se diluye; cuando no, hasta la mejor crianza queda a la intemperie.
Eso es lo que intentamos ser en la Comuna 8: un pedazo de esa red, un lugar donde los niños son esperados por su nombre y donde las familias encuentran con quién conversar lo que en casa les pesa.
Nuestra fundación nació de una ausencia: la de Richard Hoyos Alcántara, y de la decisión de un amigo de responder a la violencia con balones y no con rencor. Cada vez que una familia de Playa Rica se sienta a hablar de sus hijos, cada vez que una mamá entra a la cancha en lugar de mirar desde la reja, ese sueño sigue vivo. Porque el fútbol nos junta, pero es la familia la que sostiene. Y como decimos siempre por aquí, la generosidad, como los balones, rebota: lo que un hogar recibe hoy en cuidado, mañana lo devuelve al barrio entero.
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