Richard no alcanzó a verlo, pero su sueño hoy da frutos
Hoy, Goles de Vida da frutos. Pero no ha sido fácil.
Transcurría el año 2008 o 2009 —ya no lo recuerdo con exactitud— cuando, en medio del ejercicio periodístico, conocí al colega Richard Hoyos Alcántara. Rápidamente hicimos una buena amistad. Era un tipo de buena energía, bonachón, con una sonrisa escandalosa y contagiosa; amante de las buenas rumbas, pero también de las buenas causas.
Compartimos algunos proyectos y fortalecimos esa amistad con el tiempo. En lo único en lo que no coincidíamos mucho era en el fútbol: a mí no me trasnocha ese deporte. Sin embargo, recuerdo haberlo escuchado alguna vez hablar de una propuesta de un buen amigo suyo, muy fanático del fútbol, de crear un programa que llevara el fútbol a barrios vulnerables, para evitar que niños y jóvenes terminaran atrapados por las drogas o la delincuencia. Él estaba muy interesado apoyando esta iniciativa.
La muerte violenta de Richard fue un golpe de esos que duelen profundo. De esos que uno se resiste a creer. Quedan preguntas inevitables: ¿cómo a personas buenas, llenas de vida, con sueños, a punto de ser padre y con tan buenas intenciones, se les arrebata la vida de esa manera?
Pero su historia no terminó ahí.
Su gran amigo apasionado por el balón pie era Mauricio Herrera. Y tras su partida, decidió convertir en realidad la idea, como un homenaje a lo que fue Richard. Así nació Goles de Vida.
Desde entonces, he tenido la fortuna de estar cerca del proceso. He sido testigo del compromiso y la pasión de personas como Ana Cristina, Mauricio, Arelix, Nubia —la mamá de Richard— y muchos otros que han aportado para que, durante todos estos años, cientos de niños de Playa Rica, en Villavicencio, tengan una oportunidad.
Estoy seguro de que Richard sería feliz viendo esto cada fin de semana.Fernando Saavedra
Una oportunidad para ver el mundo con otros ojos.
Con los ojos del fútbol, que no es solo un juego, sino disciplina, constancia, autocontrol, respeto y esfuerzo.
Muchos de estos jóvenes han logrado salir adelante. Han marcado ese “gol de chilena” en una vida que no siempre ha sido fácil. Goles de Vida ha estado ahí, dando ese pase definitivo. Algunos ya tienen carreras técnicas o profesionales; otros aprendieron un oficio que les permite ganarse la vida dignamente. Y sé de al menos uno que hoy vive del fútbol.
Estoy seguro de que Richard sería feliz viendo esto cada fin de semana. Pero también sé que, desde donde esté, sonríe al ver lo que ha crecido su idea.
Hoy, Goles de Vida da frutos. Pero no ha sido fácil.
Por eso, si usted está leyendo esto y aún no hace parte de esta historia, vale la pena conocer el proceso. Con su apoyo, se pueden seguir marcando muchos más goles.
Muchos más Goles de Vida.
Súmate a marcar muchos más goles
Si usted quiere hacer parte de esta historia, puede apoyar a Goles de Vida. Con su ayuda seguimos abriendo oportunidades para los niños y niñas de Playa Rica.


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